El Juego de Ender

Hola otra vez amigüitos:

Hoy voy a hablar sobre el último libro que me he terminado de leer, El Juego de Ender. Este libro es el primero de la primera saga de Ender. La primera saga consta de cuatro libros: El Juego de Ender, La Voz de los Muertos, Ender el Xenocida y, por último, Hijos de la Mente. Después hay dos sagas más, pero de momento me centro en la primera que es con la que he empezado.

El Juego de Ender es un libro de unas 350 páginas, engancha bastante y, al final, te deja en un sin vivir por saber que ocurrirá en el siguiente libro.

Os puedo asegurar que este libro no tiene desperdicio 😉

SOBRE EL AUTOR:

orson

Este tío tan majo es Orson Scott Card. Miradlo… qué mirada, qué sonrisa, qué barba, qué cabellera canosa, qué orejas… y no nos olvidemos de esa nuez capaz de sacarte un ojo.

Bromas a parte, de esa cabeza en forma de pera ha salido un libro genial que no te puedes perder. Este escritor estadounidense ha ganado varios premios gracias a sus novelas, pero la más famosa es de la que os hablo hoy (con la cual se ha llevado parte de los premios).

SINOPSIS:

El juego de Ender

Esta novela está ambientada en un futuro en el que la Tierra se defiende de una raza extraterrestre llamada “insectores”. En un mundo en el que hay sobre población y las familias no pueden tener más de dos hijos, encontramos a la familia Wiggin que tiene tres hijos. ¿Por qué? Porque el tercero, Ender, ha sido concebido única y exclusivamente para ser la máquina perfecta para acabar con los insectores.

Es por ello, que a la temprana edad de seis años, Ender es reclutado para ir a la Escuela de Batalla para comenzar su entrenamiento y poder dirigir la próxima guerra.

Toda su vida transcurre en un mundo en el que desde muy joven vive por y para matar a una raza alienígena, y por eso, Ender no es un niño normal, sino una mente adulta en el cuerpo de un niño.

No debería decir mucho más para no desvelaros la historia, pero puedo aseguraros que, además de tener una historia entretenida, tiene un final que te dejará con la boca abierta. Yo ya no puedo esperar para leerme el segundo 😀

Hace no mucho sacaron la película de este libro y yo me dispongo a verla esta noche sin más demora porque estoy que me dan palmas las orejas por ver la adaptación al cine.

Para aquellos que os guste más ver las películas que leer los libros, aquí os dejo el trailer 😉

Espero que os guste 🙂

¡Hasta la próxima!

ACT 3: The storyteller and the drunken man.

Buenos días por la mañanica:

Aquí os dejo otro relato que me enviaron, espero que os guste 😉

 

The mainsail is torn. The crew is gone. There is only one man in this sole vessel. He fights against this tempestuous sea although he can no longer control the destiny. The ship’s direction is controlled by the sea itself. Storms gather around, and blustery wind coming from north east head to north east again as if wind itself could no longer control its winds.

I thought sanity would stay with me as commander of my soul -thought the man- but it seems that madness has been plotting a coup d’etat since we arrived.

The man is trap at the golden sea. It is said that a mere sight or smell of it, can make any brave man to go mad.

The golden waves hit the ship, and ephemeral auric foam swam across the main deck. This sea, sails across the ship, tightening its destiny to the sea’s will.

I can smell land, I can even feel it-pondered the man-The smell of lilac brought by the foam can only mean that this golden sea of curled strings is over.

The ship ran aground in a body of soft sand. The touch, soft as silk, smelled like original sin, leather, and heaven. Sweet and briny.

The man lay on the sand as he had never left this place. Everything felt new and old. Everything seemed so close and so far to home.

As he huddled in the shore, he smelled the foam, the curly waves. As his emeralds close, he felt the warming cuddle of the sea. For the first time in a long time, he slept in peace.

In the end, he found no land, and no sea was sailed.

– Wah Wah? Tis’ all? Yar’ supposed to end with it, aint?-Shouted a drunken man-

He shouted so loud that everyone in the inn looked to the corner where they were telling stories.

-That’s ow is su’pused to end, you butthead.-said his companion- C’mon, buy mei a tankard ov oaken beer.

-Wot a glos storytellar we hav’! You ein’t going to buy ya’ drink anymore. We’ve spend loik three hours with this bloody story. Mei time is gold, but not for ya! -Shouted the drunken man-

-Thou fils de bas! You don’t know a shait. I’ll tell ya’ anotha story.

-umggg-growled the other

It is the story ov a knight with rusted armour…

 

Tale of a Nightmare

Buenos días:

Hoy tengo preparado algo diferente a lo habitual. Por si no os lo he comentado alguna vez, si alguien quiere escribir un pequeño relato (sobre lo que sea) yo lo publicaré en el blog.

Este es el primer relato que he recibido y, en mi opinión, es digno de leer. Espero que lo disfrutéis tanto como yo.

La persona que lo ha escrito prefiere mantener su anonimato, pero por si os interesa, aquí tenéis su Twitter: @SoyMisterX

 

Era la madrugada de un miércoles. El reloj marcaba las 1:20, pero no quería dormir.

Los mis párpados superiores me pesaban como si unos pequeños duendecillos tirasen de ellos con todas sus fuerzas para juntarlos con los de abajo, y cada vez me costaba más abrirlos.

Recuerdo ese olor frío que había en el cuarto. El frío era tal que en vez de otoño parecía un gélido invierno.

Mi cuerpo poco a poco iba sucumbiendo a la llamada de Morfeo, pero yo seguía luchando. Intenté hacer todo lo posible para mantenerme despierto.

Aunque mi cuerpo ya estaba al borde de la vigilia, yo intentaba mantener a mi mente ocupada para que mi cerebro no terminase de dormirse. Empecé a dar cabezadas, mi mente estaba ya cansada y mi cerebro quería descansar, pero yo me mantenía  “engañando” a mi cerebro para no dormirme.

Mi mayor problema era que mi cerebro tenía más “poder” que yo mismo. Sin darme cuenta mi cerebro me engañó. Yo pensé que sólo había parpadeado. Que mis ojos se habían juntado una milésima de segundo, pero no era así.

Mi cerebro me hizo pensar que había vuelto a abrir los ojos y así consiguió que sucumbiera.

El último recuerdo que me queda de antes de dormirme, es una voz suave que provenía de la lejanía y me deseaba buenos sueños. Esa voz resonó en mi cabeza hasta que me dormí finalmente.

Era una voz masculina, suave, con un tono cariñoso. Parecía la voz de un ángel protector, el cuál estaba protegiéndome durante mi letargo.

Las horas pasaron muy lentamente en mi mundo onírico. Pareció que habían pasado 5 minutos, mientras que en el mundo “real” ya habían pasado 3 horas.

El problema del mundo onírico es que cuando estamos en él no somos conscientes de que podemos modificarlo a nuestra voluntad, sucumbimos a los deseos retorcidos de nuestro subconsciente.

Mi subconsciente aparentemente tiene problemas conmigo. Desde hace varios días mi descanso nocturno se ve perturbado por unos sueños que podría calificar como “atroces”, de mal gusto, inquietantes, estresantes, agobiantes… y así podría seguir diciendo sinónimos hasta generar una gran lista que lo ocupe todo.

Mis sueños son de impotencia. No, querido lector, no son sueños sexuales. Esto son pesadillas. Sueños tormentosos de los cuales, al despertar de madrugada, no quería volver a dormir por miedo a volver a soñarlo.

La última pesadilla que me generó mi querido subconsciente y de la cuál fui partícipe secundario fue anoche. Digo secundario puesto que yo no podía hacer nada en ese sueño. Sí amigo mío, por eso lo de la impotencia.

En este último sueño me encontraba en una habitación amplia y oscura. La habitación estaba  completamente vacía y sólo estaba iluminada por un tenue rayo de luz que atravesaba el techo, desde una esquina hasta la otra de la habitación. A través de ese leve rayo de luz pude vislumbrar que estaba entre cuatro grandes paredes rojas que parecían haberse pintado con sangre ajena. Sólo había una silla, la silla en la que yo estaba sentado sobre la cual se vislumbraban manchas de sangre. Parecía que previamente había habido más gente pues la sangre de la silla en la que me hallaba era reciente. Estaba sentado, con los brazos en la espalda, atados a la silla.

Intenté soltarme, pero tras 30 minutos en ese mundo lo di por imposible y empecé a gritar. Mis súplicas en busca de auxilio parecían no penetrar por las paredes. Sólo escuchaba el sonido de mis propias palabras resonar en mi cabeza, seguramente fue debido al eco que estas producían debido al vacío de la sala.

De repente oí pasos tras los muros y pensé “Es hora de volver a gritar, si puedo oír los pasos él también puede oírme.” Grité tanto que sentí cómo se me desgarraban las cuerdas vocales mientras seguía oyendo los pasos por detrás de la pared.

Empecé a ponerme nervioso. ¿Me habían raptado y por eso la persona de los pasos no quería entrar a la habitación ni nada? Cada vez me estaba inquietando más. Entré en cólera y me levanté. Aún estaba atado a la silla por lo que no pude ponerme completamente erguido. Empecé a recorrer la habitación de punta a punta pasando mi mano por las paredes. La habitación misteriosamente no tenía esquinas, estaban redondeadas. Intentaba calmarme, pero sólo se quedaba en eso, en intentos. Todo esfuerzo por calmarme era en vano, ya que cada cosa que descubría de la habitación me perturbaba aún más.

Recorrí varias veces la habitación entera, y cada vez me sentía más angustiado. Noté cómo me faltaba el aire, como si se estuviera agotando todo el oxígeno de la habitación. Entre jadeos se me podía oír murmurar “no hay puerta… No hay puerta”.

Empecé a hiperventilar y a sollozar, pensando en qué es lo que había hecho yo para merecer tal castigo.

Recordé una técnica de relajación que me habían enseñado.

Comencé a inspirar profundamente, y a la hora de exhalar el aire pronunciaba “tsaaaa” hasta que no quedaba un ápice de oxígeno en mis pulmones e iniciaba nuevamente la respiración. Esa palabra, que mágica, me hacía sentir más y más relajado.

Mi corazón comenzó a aletargarse, ya no estaba tan acelerado. Poco a poco volvía a su ritmo normal y mi mente empezaba también a funcionar con normalidad. Empecé a pensar en qué debía hacer y decidí que, antes que nada, debía de liberarme de mi amarre.

Intenté soltarme manualmente, pero era imposible, así que decidí romper la silla. Empecé a golpearla contra la pared y se le rompieron dos patas. Tras atizarle varios golpes a la pared con la silla, ésta empezó a descuajeringarse y pude sacar la cuerda del respaldo de la silla. ¡Al fin me había liberado de esa silla infernal!

Aún seguía maniatado, con los brazos a la espalda, así que decidí apartar de una patada los trozos que había de la silla a mi alrededor. Me estaba volviendo a impacientar. Sentía que pronto sería algo más “libre” y el mero hecho de pensar que sólo tenía un par de obstáculos de por medio hacía que la sangre de mis venas hirviera.

Me tumbé en el suelo e intenté pasar los brazos por debajo de mis piernas para al menos no tenerlos en la espalda. Tras varios intentos fallidos no es de extrañar que me viniera a la mente cuando mis padres querían que hiciera algún deporte que mejorase mi flexibilidad. ¡Ay si les hubiera hecho caso! Al final conseguí poner mis manos atadas bajo la suela de mis zapatos. Intenté llevarme mis rodillas al pecho conforme llevaba mis brazos hacia la punta de mis pies. Cuando lo conseguí no pude evitar soltar un grito diciendo ¡AL FIN!

Con una mano cogí uno de los trozos de la silla astillada y comencé a romper la cuerda con la que estaban mis manos atadas. Tras un buen rato empezó a deshilarse y volvía a sentir cómo me desesperaba. Mi desesperación era tal que no pude seguir rasgando la cuerda con la silla, así que empecé a usar los dientes para roer la cuerda. Si mis padres o mis amigos me hubieran visto… Se habrían reído bastante. Estaba como un castor preparando la madera para su dique.  Tras conseguir romper la cuerda no pude evitar llevarme las manos a la cabeza. Recuerdo que se me escapó un “Ufff… Pensé que jamás lo conseguiría.”.

Golpeé las paredes de lado a lado con mis puños para ver cómo de macizas eran las paredes, a ver si había algún trozo hueco o algo. Todo parecía hormigón.

Era oficial, la habitación no tenía salida. Cavilando sobre cómo podía estar en una habitación cerrada a cal y canto, sin puerta y con los techos tan altos. Mi primera conclusión la descarté porque, aunque tenía sentido, no parecía muy factible. La conclusión que descarté fue que me habían drogado y metido en esa habitación por el techo pero, ¿Cómo iba a ser posible meter a una persona desde un techo tan alto?

Mi segunda conclusión fue que estaba soñando.

Era una pesadilla.

Empecé a sentir cómo el pánico invadía todo mi ser porque no era capaz de despertarme. ¿Y si estaba en coma? ¿Y si había muerto y estaba pagando por mis pecados?

Noté cómo me entraban ganas de vomitar.

Empecé a respirar muy agitadamente. ¡Tonto de mí! Sin darme cuenta estaba hiperventilando. A mi cuerpo le faltaba oxígeno y empecé a notar cómo me desvanecía y mi corazón se aceleraba más y más.

Desperté de un sobresalto. Estaba en mi cuarto, en mi cama, bajo mi nórdico. Seguía sintiendo la angustia del momento. Intenté respirar como en el sueño y poco a poco me calmé. Me di cuenta de que sólo era una pesadilla.

Tras ver que todo había sido producto de mi imaginación, decidí volver a dormirme.

¿Crees que no tenía miedo de volver a dormirme? Error. Me aterrorizaba. Era posible tuviera otra pesadilla de la que no pudiera salir, pero al menos tenía una cosa clara y es que los sueños sueños son, y al despertar, conforme vienen se van.

Tal vez no controlase ese mundo, ni lo que ocurría en él, pero gracias a eso descubrí que podía controlarme a mí mismo.

FIN